El papel de China en la guerra silenciosa por el petróleo

Elena Moreno

Cuando vi esta foto, primero me sorprendió, pero en seguida lo entendí: los recursos naturales. Los chinos no se van a África a enseñar chino sino a buscar petróleo, minerales, gas natural, carbón, agua, tierra…

Quise averiguar un poco más en qué otros países tenían ese tipo de presencia y por qué. Fue así como empezó un pequeño trabajo de investigación que desgraciadamente ya he terminado, una pena porque es uno de los temas más actuales e interesantes hoy en día, y sin duda ayuda a entender el orden mundial y las razones de muchas de las decisiones que toman los países.

China ha despegado de nuevo. Desde hace una década se ha sumado a la búsqueda de los recursos naturales y ahora es el segundo país con más demanda del mundo, detrás de Estados Unidos. Ha pasado de autoabastecerse hasta el año 1993 a tener un déficit de -5.904,3798 en 2012, es decir, su déficit ha aumentado 100 veces en tan solo 9 años.

Pero no es solo China. Todos dependemos de los recursos, en especial del petróleo. El famoso sueño americano no se hubiera hecho realidad sin el petróleo, ni tampoco la construcción de carreteras y autovías, las líneas aéreas, la industria petroquímica, la agricultura, el turismo o el comercio suburbano. Nada. El petróleo afecta a casi todos los sectores y si sube su precio, podemos temblar. Pero que suba de precio depende de la oferta que haya, y ahí está el problema: la demanda se está comiendo a la oferta.

¿Por qué hay tanta demanda? Dos razones principales.

Hay más gente en el mundo -la población mundial ha aumentado en casi 4.500 millones de habitantes en los últimos 60 años-, y cada vez hay más zonas industrializadas, el producto mundial bruto no ha dejado de aumentar desde 1950.

China es el ejemplo más claro de esto mismo. Con una quinta parte de la población total, es el país más poblado del mundo. Y es inevitable ignorar que en los últimos años el ritmo económico y de industrialización ha sido espectacular.

Ahora China está viviendo su propio “sueño chino” y para eso necesita petróleo. Y mucho. Sin petróleo no hay crecimiento económico, y teniendo en cuenta que lleva años creciendo a un ritmo promedio de 9,7%, es ahora más dependiente del crudo que nunca.

La entrada de China en la competición plantea un desafío a nivel internacional, en especial a los dos principales actores: Estados Unidos y Rusia. Se convertirá en un rival más que luchará por los nuevos yacimientos de crudo y originará apuros de suministro y alzas de precios. Son muchos los que han atribuido a China la culpabilidad de la presión en los precios del petróleo, y en parte tienen razón, pero también hay que tener en cuenta otros factores como los efectos a corto plazo de la guerra de Irak, al aumento de producción de países fuera de la OPEP –como Rusia, Angola o Guinea Ecuatorial-, o la posición débil del dólar americano frente a otras divisas importantes. Además, por supuesto, del escalofriante problema de escasez de suministro.

Pero la realidad es esa, guste o no guste. China ha salido a buscar petróleo y para ello pretende adquirir influencia internacional, con vistas sobre todo a los países ricos en recursos naturales. Asegurarse el abastecimiento de petróleo, ya sea nacional o importado, es una de sus prioridades y su estrategia es potenciar el acceso a las fuentes de aprovisionamiento en el extranjero reduciendo al mismo tiempo la vulnerabilidad a embargos comerciales y otros percances del suministro.

Entre sus estrategias principales, la primera es explotar sus propios yacimientos y todos los recursos que puedan extraer en casa. Para ello las compañías de petróleo chinas invierten en técnicas RMP (recuperación mejorada del petróleo).

La segunda estrategia es la causante de la fotografía del principio, las inversiones extranjeras, el indicio más obvio de la irrupción de China en el sistema energético global. De ellas derivan múltiples acuerdos comerciales con empresas energéticas extranjeras radicadas en las zonas productoras principales.

Una vez llegados a este punto viene lo verdaderamente interesante: ¿Qué hacen las empresas chinas que invierten en el extranjero? ¿Envían a sus trabajadores o contratan a locales disminuyendo así la tasa de desempleo del país? ¿Qué supone realmente la inversión china? ¿Ofrece ayuda o sólo más endeudamiento? ¿Afecta a la contaminación? ¿Implica una transferencia de conocimientos? ¿Respeta los derechos humanos?

La inversión china no tiene precedentes, tienen sus propias maneras de invertir, y a juzgar por su creciente presencia en el mundo, no les funciona mal. Ahora bien, ¿cómo está afectando eso al orden mundial existente antes de la aparición de China?

En realidad esto es solo una pequeña introducción, la verdadera investigación es lo que viene después. En el próximo capítulo se tratará de responder a esta pregunta, aunque no prometo que no haya algún toque de opinión personal.

 

Los datos que se ofrecen son de la Administración de Información Energética de EE.UU (EIA) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)

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