Ningún lugar donde quedarse

Por Lucia Lara

Existen pocos sinos más difíciles que el de sobrevivir en la piel de un refugiado. Es un tema presente en el telediario de cada día. “Miles de afganos son expulsados de Irán”, “Amnistía denuncia la represión contra los refugiados sirios”, “Tal o tal país cierra sus puertas a los solicitantes de asilo”. Pero pese al protagonismo mediático que ha ido ganando, probablemente ni siquiera seamos capaces de hacernos una idea.

¿Os imagináis 21 días de refugiado? Tras ser maltratados y torturados decidimos escapar, dejando atrás a los más débiles de la familia, claro. Nos desgarramos los brazos saltando verjas, nos jugamos la vida nadando veinte kilómetros en pleno invierno, aguantamos semanas en el desierto sin apenas agua, o lo que es peor, vemos cómo lo aguantan nuestros escuálidos hijos, que extrañamente parecen menguar un poco más cada día. Por fin superamos esta odisea, digna de un taquillazo, y acabamos en un campo de acogida. Esperamos durante meses, a veces años, en condiciones extremas, hasta que nos condenan como a criminales y deciden deportarnos a cualquier país perdido o enviarnos a nuestro lugar de procedencia. Y vuelta a empezar.descarga

Esto es precisamente lo que ha hecho Israel. Tratar de enviar a 55.000 demandantes de asilo a Uganda, donde probablemente sean expulsados a sus países de origen. Irónicamente, Israel, país nacido de la inmigración como tantos otros, se creó con el fin de dar refugio a otros perseguidos. En 2012, el Ministro de Interior Eli Yishai, dijo que los inmigrantes estaban “corrompiendo el alma judía” y que la respuesta debía ser “más prisiones y campos de detención”. Hoy, el país hebreo desafía al Tribunal Supremo y a los Tratados Internacionales jactándose de conseguir un flujo migratorio de salida parecido al de entrada. Y esos 55.000 desplazados, que ya podrían ser 50 hombres, un millón de niños o el corazón de Asia, son tratados como una patata caliente, como el globo de agua que acaba estallando en un juego infantil.

En la región de Asia-Pacífico se producen las situaciones más críticas de refugiados y solicitantes de asilo. Sin embargo, la protección es muy frágil y la mayoría de países asiáticos no han accedido a la Convención de Refugiados de 1951.

Por no hablar del ridículo porcentaje de sirios a los que la Unión Europea está dispuesta a abrir sus puertas. En diciembre, Amnistía Internacional denunció que los Estados miembros sólo se ofrecieran a acoger el 0,5 % de refugiados sirios.

En su comunicado anunciaban que España había aceptado acoger 30 personas huidas de Siria (el 0,001 %). ¡Olé! “La UE ha hecho una lamentable dejación de su parte de responsabilidad en proporcionar un lugar seguro a unas personas que lo han perdido todo excepto la vida”, sentenció el Secretario General de Amnistía Salil Shetty.

Los refugiados sirios ya sobrepasan los dos millones y se espera que alcancen los cuatro a finales de año. Están repartidos por Líbano, Turquía, Irak, y Jordania, que se lleva el gordo. Oriente Medio es el escenario de la peor tragedia humanitaria de nuestro tiempo.

Y nosotros, ¿qué hacemos? A veces nos limitamos a cambiar de canal porque “las noticias son demasiado deprimentes”. Donamos pequeñas cantidades y sacamos el incómodo tema en el desayuno de trabajo o en la reunión familiar, para después volver a remover el café con la conciencia un poco más tranquila, porque total, nuestro mundo sigue girando.

Los refugiados tienen que moverse si quieren salvar sus vidas o su libertad. Ellos no tienen la protección de su propio Estado, de hecho, es a menudo su propio gobierno que está amenazando con perseguirlos. Si otros países no les brindan la protección necesaria, y no les ayudan una vez dentro, entonces pueden estar condenádolos a muerte, o a una vida insoportable en las sombras, sin sustento y sin derechos. – ACNUR

 

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2 pensamientos en “Ningún lugar donde quedarse

  1. Lo que pasa Lara, es que la cultura de una sociedad determina sus instituciones, sus formas políticas, sus costumbres, sus libertades y hasta su prosperidad. El día que Israel tenga una minoría judía, igual que el día que Europa tengan una minoría occidental, ambas civilizaciones morirán. Y ese día llegará -(ahora mismo en España un 30% de los bebes ya son hijos de inmigrantes-). Europa va a morir, como lo hizo el imperio romano, Babilonia, la antigua Grecia, bajo sus refugiados godos, persas o macedonios. Y la nueva Europa será el reflejo de las nuevas culturas dominantes. Eso puede ser bueno o no. Depende de tus gustos. Pero probablemente no tendrás la libertad de expresarlo. Porque la libertad individual es un invento occidental. Y cuando Europa ya no sea occidental, tu libertad morirá con ella, igual que nunca pudo nacer, en ninguna sociedad, donde los refugiados tuvieron la capacidad, de construir sus propios mundos de acuerdo a sus conviciones, valore y cultura, desde Marruecos a Afganistan. Esto se llama historia. Pero también es nuestro suicidio. El suicidio de Europa.

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