“Nos vamos de aquí”

Por Isabel Macías Núñez

 

A los ojos de su padre todavía era una niña y, sin embargo, sabía perfectamente que aquella tarde no habían quedado porque fuera a recibir buenas noticias.

–          Cindy, me han destinado a Madrid.

Otra vez.  Sólo llevaban unos meses en Japón, en casa, y ya tenían que volver a mudarse. Desde que era una niña, su familia había vivido en cinco países distintos situados en tres continentes diferentes. Tenía 21 años, había empezado el tercer curso de Leyes en la Universidad de Tohoku y justo en el momento en el que sentía que tenía un hogar, se lo arrebataron.

¿Madrid? ¿Qué haría ella allí? Ya sabía cómo trataban los occidentales a los japoneses, pensarían que era china nada más verla y la tratarían como si fuera una marginada. Sin embargo, Cindy era educada y disciplinada, estaba acostumbrada a relacionarse con personalidades muy importantes en el mundo de la política desde que era una niña. Sabía que –una vez más- debía hacer lo correcto. Jamás había tomado una decisión por sí misma, sus padres quisieron que amara la gimnasia rítmica, que tocara el piano y que aprendiera idiomas; y lo consiguieron. Era una chica ejemplar.  Mantenía buena relación con los profesores y también con sus compañeros. Era correcta, inteligente y creativa; una de esas personas que ponen ilusión en todo lo que hacen y, además, proyectaba dicha ilusión en el resto. Era mágica.

Su figura era esbelta, sus ojos atrapaban el mínimo rayo de luz y lo reflejaban, su tez era pálida, su sonrisa tímida, sus manos pequeñas y su pelo no llegaba a cubrir sus hombros. No era una de esas mujeres que llaman la atención, ni siquiera se podía describir a aquella chica como mujer; era menuda y muy discreta. Tan dulce, que seguía pareciendo una niña.

Cindy era una chica feliz, no necesitaba mucho más de lo que tenía en su vida, sólo echaba de menos sentir eso que sus amigas llamaban “enamorarse”. Nunca había besado a un chico, no había tenido ninguna cita con un hombre que no fuera su médico, no sabía como era la sensación de tener mariposas en el estómago. Sus padres nunca le habían pedido que se enamorara, por eso ella no lo hizo.

Aquella misma tarde llegó a casa y empezó a hacer las maletas, sabía que en menos de una semana estaría caminando por las calles de Madrid.

 

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