Culpable

Maria Signes

Cuando alguien dice que se van a tratar temas delicados siempre hay víctimas de por medio. Ellas son las más importantes y en ellas es en lo que hay que pensar.

¿Y la justicia? ¿Piensa en las víctimas o se centra en la cultura de cada país? Digo cultura y no digo leyes porque las leyes deberían ser universales para todo el mundo y es evidente que no es así.

Afganistán, una pareja de veinte años es decapitada por amarse en secreto sin estar casados. Los familiares de la chica entraron presuntamente en la casa de la joven y se los llevaron para matarlos. Según el portavoz del Gobierno, el caso se está investigando pero todo apunta a que los responsables se quedarán sin castigo.

Yemen, un padre quema a su hija de 15 años hasta la muerte en una aldea en la provincia de Taiz porque la adolescente estaba chateando con su novio a través del teléfono. Se trata de algo prohibido por algunas familias conservadoras que evitan que sus hijas se relacionen con sus futuros maridos antes de la boda. En este caso de nuevo, no está claro que el padre reciba una pena más que tres u ocho años de cárcel.

Violaciones, asesinatos, violencia de género… crímenes que ocurren en los países asiáticos, por razones que sorprenden en muchos casos a los que vivimos en países occidentales y que son duramente criticados, porque “son unos auténticos bárbaros sin conciencia”. ¿Es que en Occidente sí piensan en las víctimas?

Penas de 100 años de cárcel, de más de mil años en algunos casos, unas condenas que acaban acortándose por buena conducta, por estudios o por habilitación. Todo porque es lo “jurídicamente correcto”. Violadores, asesinos y ahora terroristas que en 30 años pueden estar fuera de prisión.

¿Qué es lo correcto? Qué un padre que quema a su hija esté ocho años en la cárcel o que un hombre que viola a una niña de 8 años en España salga en 15. ¿Es que acaso el número de años va a curar el sufrimiento de las víctimas o familiares?

Segundas oportunidades, rehabilitación para todo el mundo. Si de verdad todos podemos tener una segunda oportunidad porque la ley lo permite y porque “es lo correcto” no deberíamos diferenciar entre Occidente y Oriente porque la ley es la ley.

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